1ra parte

 “Los monstruos nacen del vientre del hombre.”


—Sawara Kazumi, El Cabo Norte


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La muestra se denominó “Cor Ouadae 17-CB”.


En el Instituto Central de Investigación Ambiental de Yazuno, la investigación sobre este espécimen biológico se desarrolló siguiendo tres líneas principales de indagación: 


¿Cuáles son sus características? ¿Cómo se puede proliferar? ¿Qué tipo de ser es, en primer lugar?


En definitiva, no sabían prácticamente nada al respecto.


Incluso su origen era dudoso. El Dr. Nagasue, quien llevó la muestra al laboratorio tres años antes, desapareció al año siguiente sin avisar de su paradero. Para colmo, su estructura celular no se parecía a la de ningún organismo multicelular conocido.


Uno de los investigadores lo describió como similar a “una muestra de solomillo de pollo”. Sus colegas rieron con ironía, asintiendo con la cabeza. En efecto, no se diferenciaba en nada de un trozo de solomillo de pollo que se pudiera encontrar en la sección de congelados del supermercado. Si bien ambos se parecían a la comida, uno estaba hecho de resina plástica y silicona, mientras que el otro de algo completamente extraño.


Sin embargo, había ciertas cosas que habían discernido al respecto.


Las células que componían la muestra eran todas totipotentes, lo que significa que podían diferenciarse en cualquier otro tipo celular. Al insertarse en la herida de otro organismo, se transformaba en una réplica de la célula de dicho organismo y ayudaba en el proceso de división celular. Posteriormente, se integraba a su huésped (y, en apariencia, la herida cicatrizaba perfectamente).


Uno de los objetivos de la medicina moderna es la reproducción de células totipotentes. Habría sido el mayor logro del siglo si hubieran podido replicar dicha función en otras células mediante la investigación de este espécimen tan especial. Sin embargo, en el mundo actual, el revuelo que genera cualquier descubrimiento puede ser un arma de doble filo. Por lo tanto, si bien había grandes esperanzas puestas en esta investigación, también se llevaba a cabo en secreto.


Hasta la fecha, no han logrado encontrar la manera de cultivar la muestra en su estado original. Por ello, proceden con cautela, cortando pequeñas porciones de la misma en cada momento.


Había una rata de laboratorio.


Le habían abierto el estómago y le habían implantado pequeñas cantidades de "Cor Ouadae". El "Cor Ouadae" mutó ante sus propios ojos, diferenciándose en las células abdominales de Mammalia Rodentia Myomorpha y experimentando división celular. En 52 minutos, la herida se cerró por completo, sin dejar ni una sola cicatriz.


Posteriormente, se observó una anomalía: los patrones de comportamiento de la rata habían comenzado a cambiar.


La velocidad con la que realizaba ciertas acciones en una cámara de condicionamiento operante había aumentado notablemente. Además, había desarrollado cierto grado de anticipación basado en patrones anteriores. En un experimento clásico de laberinto, la rata mostró una velocidad de aprendizaje muy superior a la media. No solo no había mostrado la mayor agresividad que se observa habitualmente en este tipo de experimentos, sino que, de hecho, comenzó a comportarse con más cautela.


Los miembros del personal, con poca visión de futuro, llegaron a una conclusión: el tratamiento había aumentado la inteligencia de la rata. ¡Qué noticia tan fantástica! No solo el "Cor Ouadae" había reparado el órgano dañado, sino que también había activado las neuronas de su cerebro. 


¡ Qué descubrimiento tan maravilloso! ¡Sin duda, esto llevará a la humanidad al siguiente nivel!


Los empleados más prudentes se regocijaron con moderación. Células de origen desconocido habían provocado un cambio mediante algún mecanismo desconocido.


Cualquiera que sea la razón, sin duda podremos comprender mejor este fenómeno si lo estudiamos más a fondo. Deberíamos estar agradecidos por ello.


Sin embargo, una pequeña parte del resto hizo una mueca de disgusto. Eran conscientes de la gran cantidad de organismos parásitos en la naturaleza capaces de alterar las facultades mentales de sus huéspedes. Si el "Cor Ouadae" fuera uno de ellos, se necesitaría un esfuerzo titánico para superar la enorme barrera que supondría convertirlo en un procedimiento médico práctico.


Finalmente, algunos no dijeron nada. Apartaron la mirada de la rata que observaba a los humanos con sus ojos insondables y preguntaron con un dejo de temor en sus voces:


¿De verdad podemos seguir llamando rata a esa criatura?

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