1ra Parte: El despertar de Emma Kenares




    El objeto de plata esmeralda, húmedo y brillante, emitía una pulsación constante.


Una sensación pegajosa y ligeramente cálida envolvía sus cinco sentidos... no, envolvía toda percepción.


    Hasta donde podía percibirse, todo era esta visión. No había arriba ni abajo, ni mucho menos izquierda o derecha. Era como si el mundo entero estuviera lleno de trozos de carne del mismo color.


    Una pregunta apareció indistintamente en el fondo de su mente.


   En un lugar como éste, donde no hay espacio para respirar, a uno debería costarle respirar; en un lugar como éste, donde no hay luz, uno no debería ver más que oscuridad. Sin embargo, su conciencia vacilaba aquí, completamente ajena a la incomodidad.


    La respuesta a esta pregunta también surgió a su mente de forma vaga.


    Era imposible sentirse sin aliento o perderse en la oscuridad.


    Después de todo, ella misma formaba parte de aquel enorme objeto de plata esmeralda. Sólo una gota de agua tragada por el mar...


    Abrió los ojos de repente.


    "... ¡Uh, huh! ¡Ah! "


   El aire que estaba a punto de inhalar chocó fuertemente con el que estaba a punto de exhalar.


  No podía respirar, y un dolor sordo subió a la garganta.


    Solo... solo, solo, eso, lo qué...


    Inconscientemente agarró con fuerza al pecho de su camisón.


 Sólo para reconocer el calor de la piel que salía de debajo de la tela. Era humana. Carne humana. Tuvo que confirmarlo para estar segura de algo tan evidente.


    Era, ¿un sueño...?


  Pesadillas. Así que sólo era algo de esa magnitud.


Sin embargo, para terminarlo con una pesadilla, el sueño de ahora era demasiado pesado y se sentía... opresivo.


    "... ¿Estás bien?"


Alguien estaba hablando.


    Lentamente giró el rostro hacia la otra persona.


    Luego, descubrió que su visión estaba borrosa y no podía enfocarse en la persona que tenía delante.


    La otra persona debe ser una mujer.


    Probablemente una enfermera. Joven, pero mucho mayor que ella, probablemente de unos veinte años. Aunque no veía muy bien, parecía que llevaba gafas.


    "Cálmate. Inhala lentamente, luego exhala. Sí, lentamente poco a poco"


    La voz de la ptra persona era sosa, pero tenía en cuenta su estado físico y le dio las instrucciones adecuadas. Ella siguió sus instrucciones y dejó que su pecho subiera y bajara lentamente, y su cuerpo se relajó poco a poco.


"... Yo..."


    "¿Recuerdas lo que pasó?"


    "Uh..."


    Gran parte de su cabeza estaba nublada.


    Intentó introducir la mano en la niebla para evocar sus recuerdos, pero un dolor punzante y vago surgió de lo más profundo de su cabeza.


    "Duele..."


    "No te fuerces, no es un recuerdo agradable, es mejor no recordarlo."


    "¿Es así?"


  Parecía extraño preguntarle a alguien por sus recuerdos. Pero no había nada que hacer al respecto, la extraña mujer que tenía delante era más digna de confianza que la que ahora no podía recordar nada


   "Así son las cosas... Dicho esto, sería mejor que durmieras un poco más. Después de todo, tu cuerpo y tu mente deben estar aún en un estado de agotamiento extremo."


 "Está bien..."


    Ella asintió obedientemente y cerró los ojos al mismo tiempo.


    Entonces, sintió una mano fría acariciando suavemente su frente.


    "Estoy segura de que la señorita Brave vendrá a visitarte de nuevo mañana. Que vea lo renovada que estás".


    "Sí..."


    Ella asintió a las palabras, pero entonces surgió una pregunta.


Señorita Brave...


   ¿Quién era? ¿Conocía a alguien así?


    La pregunta recorrió su mente, y el mero hecho de que lo hiciera era agotador. Por ahora, hizo lo que dijo la mujer a su lado, duerme y no pienses en nada. Eso estaría bien. Eso estaba bien.


    El interior de sus párpados cerrados era una oscuridad profunda e incolora, y su conciencia se fundió lentamente en esa oscuridad.


♤♡◇♧


"Eres una niña inútil".


   Ese era el mantra de su madre.


NT: Repetición constante y monótona de una idea o una serie de ideas.


    Era una afirmación dura que la hacía sentir bastante triste y deprimida en ese momento. Sin embargo, cuando perdió a toda su familia, incluida su madre, y empezó a vivir sola, se dio cuenta de que su madre decía la verdad.


    Emma Kenares.


   Nació en la parte más pobre de Bazelfield. Perdió a sus padres a los cinco años a causa de una epidemia y su hermana se vendió al mercado de esclavos al mismo tiempo. No tiene más parientes. Aunque le preguntaron si quería ir a un orfanato, se negó porque la gente de su entorno se asustaba de su aspecto: sus ojos enfermos de color plata esmeralda. Desde entonces, ha vivido su vida tan ajena a los demás como le ha sido posible.


No se hace nada, nadie espera nada de ella y, por tanto, nadie la necesita.


 Incluso si un día desapareciera de repente no causaría ningún problema a nadie, simplemente era ese tipo de niña.


♤♡◇♧


Por la mañana.


    El despertar no fue exactamente agradable esta vez, sino simplemente sencillo.


 Se acarició todo el cuerpo y también se dio un suave apretón en las mejillas y otras partes para asegurarse de que no había nada raro en su cuerpo. Allí no había espejo para comprobar su rostro  o el color de sus pupilas, pero pensó que nada debería haber cambiado.


    "Mmm..."


     Se preguntó qué había ocurrido exactamente.


  El último recuerdo que tenía era de aquella noche.


    Fue inexplicablemente secuestrada, inexplicablemente raptada por otro grupo de personas, luego un extraño hombre mayor hizo comentarios inexplicables mientras la arrojaba dentro de un objeto gordo, redondo, de plata esmeralda, y luego perdió el conocimiento.


    Estaba segura de que iba a morir allí mismo, y sabía que no podía hacer nada para evitarlo y se rindió, incluso con la esperanza de que se lo pusieran más fácil. Así de asustada y enferma se sentía.


    Um. Ella recordó.


    ¿Por qué había sobrevivido a todo esto? ¿Por qué estaba recostada en una cama blanca y limpia? A pesar de que había tantas preguntas en su mente, sabía una cosa con certeza.


    Era Emma Kenares, y no había perdido su identidad.


    No, por supuesto que lo es. No había nada que dudar sobre tales cosas en primer lugar. Pero de alguna manera quería asegurarse, y tranquilizarse a sí misma.


    "Disculpe"


   Con un saludo silencioso, la puerta de la sala se abrió y una chica se asomó con inquietud. Era pelirroja y tenía la misma edad que Emma, pero con un aura de temor que Emma no podía igualar.


    Ella reconoció la cara.


    Era una extranjera a la que había conocido por casualidad el otro día y, tras unas cuantas conversaciones, se llevaban bien. Su nombre era...


    "Señorita Lillia."


    "¡Oh!"


    La expresión de la chica... Lillia Aspray de repente se iluminó.


    "Estás despierta, Emma. ¿Cómo te sientes? ¿Tienes hambre?",


    Lillia dijo alegremente, acercándose a ella.


    "Eso, sí, se siente como siempre, pero ¿qué trae por aquí a la señorita Lillia?".


   "¿Eh? Ah, bueno, eso". Lillia parecía pensativa. "Resulta que estaba por aquí cuando te rescataron. Así que me pasé por... y pregunté dónde estaba este hospital".


    Sintió que estas palabras sonaban como una tontería. Solo un poco.


    "¿Me rescataron...?"


    "Ah, sí. La verdad es que no lo sé, pero debes de haber sufrido mucho".


    "Eso, bueno, probablemente".


  Ella también respondió vagamente ante la vaga palabra.


    "Ah, sí. Siento haberte dejado plantada cuando tenía que llevarte a conocer el lugar".


    "... Te secuestraron, ¿no? No se puede evitar, no tienes que disculparte".


   "Pero después de todo, fue mi bando el que lo causó. Siento que tengo que disculparme por causarle problemas a tu compañera y a Lillia, que no tuvieron nada que ver."


 "Oye, está bien, Emma, ​​eres tan seria"


    Lillia la pinchó en la cara.


    "Qué te parece esto, nos quedamos aquí un tiempo y luego nos llevas a hacer turismo cuando salgas del hospital. Considéralo una compensación".


  "Eso es... bien, por supuesto..."


  "¡Muy bien, entonces es un trato!"


    Probablemente como prueba del acuerdo. Lillia tomó su mano y la estrechó de arriba abajo-.


    -chirrido!


El mundo parecía sumergido en el agua.


 La visión no era clara, como si estuviera separada por una capa de agua turbia.


    Algo parecido al humo de lavanda llenó el aire a su alrededor.


    Era como una vista de las profundidades marinas, pensó Emma sin motivo. Por supuesto, ella no había visto las profundidades marinas de verdad, pero no podía evitar pensar eso. Un mundo diferente del mar, un mundo que funcionaba con principios diferentes. Un lugar habitado por criaturas diferentes... No, no sé si puedo llamarlo criatura.


    Al cabo de un momento, el mundo que Emma vio siguió a su imaginación.


    Una sombra, como un alga que crece de la nada, apareció y se balanceó detrás de ella: un objeto oscuro y de forma horripilante que parecía un gran pez con colmillos, que abría la boca ensangrentada y tomaba forma. 


    "¿Emma?"


  ¡Kiri!


    "... ¿Eh?"


 Parpadeó un momento.


  ¿En qué estaba pensando?


    "Oh, eso es extraño, ¿estaba mareada?"


    "Bueno, sí, tus ojos están un poco perdidos... Dime, espera un momento. De repente tienes muy mala cara, ¿qué te pasa?".


    "Ah, uh, jejeje, no sé..." 


    ¿Qué demonios está pasando?


    Aunque no podía ver su rostro, se dio cuenta de que su corazón latía deprisa por alguna razón, y toda la palma de su mano estaba humedecida por el sudor frío que le había salido. Algo pasó en ese momento.


  No lo sabía. No podía recordarlo. Fue horrible.


    "Ugh, lo siento, te acabas de recuperar de una enfermedad grave, no debería haberte hecho hablar. Vamos, vamos, duérmete y no vuelvas a moverte hasta que estés totalmente recuperada, ¿vale?".


    "¿Eh? No, eso..."


   Lillia no le dio oportunidad de resistirse y la recosto de nuevo en la cama con un rápido movimiento.


    "Por cierto, la Cámara de Comercio Astereid se encarga del tratamiento y el cuidado de los gatos de la cabaña, así que no tienes que preocuparte por eso. ¿Conoces Astereid? Es esa gran tienda con carteles por todas las paredes de la calle".


  Tal vez tratando de calmarla, Lillia habló un poco más rápido.


  "¿Los gatos también?"


    En la casita de Emma, cerca de la costa, vivían muchos gatos.


    Debido a sus ojos de plata esmeralda, Emma no tenía mucho contacto con la gente de este país, y las únicas personas que hoy eran familia para ella eran los gatos.


    "Ah, sí. He oído que en esa tienda hay un viejo que sabe mucho de animales".


  "Ya veo..."


    Con una sensación no muy distinta a la de la tranquilidad, Emma se tapó la boca con la manta.


    Cuando Lillia vio esto, probablemente pensó que Emma estaba lista para dormir, así que dijo: "Entonces volveré en otro momento". Luego agitó suavemente la mano y salió de la sala sin hacer ruido.


   Aunque Emma no lo había hecho a propósito, no tenía intención de llamar a Lillia para aclarar el malentendido. Así que, como mínimo, cerró los ojos e intentó entrar en el país de los sueños. Dejar atrás los pensamientos desagradables y encontrar una manera de dejar que su cabeza se vaciara.


    "Tu, niña, eres realmente un inútil"


    Una niña que no le servía a nadie. Emma Kenares, que no era necesaria para nadie.


    "Si esto sigue así, ¿los gatos ya ni siquiera me necesitarán?" Los pensamientos no resueltos persistían en su mente.

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